tres del mes: febrero, 2017

Tres películas, especiales de comedia o series que vi durante el mes anterior (antepasado, en este lamentable caso). No es un top tres, necesariamente. Tres por la rima fácil, porque hay que frenar en algún lado, y por las casas en las que he vivido.

Call It Home: The House That Private Enterprise Built (1992, Keller Easterling y Rick Prelinger)

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Take a long, hard look at suburbia, and replay the persuasions that led us to call it home.

Hace unos años, pensaba hacer mi trabajo final de graduación sobre la propagación de residenciales cerrados en Costa Rica. Comercialización de barrios, mercadeo de espacios urbanos repetitivos, paso de influencia cultural europea a influencia gringa, segregación socioeconómica. Aunque mi propuesta, dispersa, fue rechazada por las autoridades académicas correspondientes (oh no), prepararla me llevó, al menos, a conocer sobre Keller Easterling, gracias a su concepto de productos espaciales (mencionado en textos como Enduring Innocence y Extrastatecraft). Dada mi debilidad de espíritu, no perseveré con aquel plan de trabajo final (oh no). Sin embargo, el interés por Easterling permaneció, acompañado por hallazgos como Call It Home, proyecto audiovisual compuesto de miles de imágenes estáticas (fotografías, fragmentos de revistas, documentos institucionales, materiales publicitarios), unos cuantos extractos de programas de radio y decenas de videos (algunos con pista de comentarios opcional, además del audio original). Realizado por Easterling en conjunto con el archivista, cineasta, Rick Prelinger, Call It Home es un impresionante registro histórico de los suburbios estadounidenses desde sus comienzos (1934-1960): The material resets the story of suburbia in the US by focusing on its origins in the depression rather than the post war era. Originally conceived as an economic instrument to stabilize banks and a flagship industry capable of providing jobs, the early suburban house was poised to become both the germ of explosive post war exurban growth and the economic indicator that it remains today.

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Además de capturar un amplio repertorio de (para mí, atractivos) estilos gráficos de aquel periodo, muchas de las imágenes permiten apreciar cómo importantes valores culturales—evaluación superior de ser propietario versus rentar, la mera cantidad de viviendas construidas como criterio de éxito nacional—eran difundidos en la propaganda estatal o empresarial. Una pareja recibe consejos sobre infraestructura; un soldado sueña con su casa propia; los automóviles son presentados con devoción (en un video se habla de “two-Ford families”); se discuten textos como The Crack in the Picture Window, sobre desventuras en desarrollos inmobiliarios en serie, o The Organization Man. Call It Home permite explorar una muestra de la inmensa producción audiovisual estadounidense sobre los suburbios de distintas formas. Ese aire choose-your-own-adventure del proyecto (¡laserdisc interactivo!)—producido en 1992 por The Voyager Company, pionera en producción de CD-ROM, relanzado como un set de DVDs en el 2013—es uno de sus encantos. Como indican las instrucciones: Viewers can navigate the DVD as either a continuous set of footage sequences or as a more contemplative document that moves between clips and stills. The ten major topics that organize this two-disc set serve as a base from which to create many branching explorations through the collection. Resulta disfrutable, por ejemplo, agregar música de fondo a las secuencias de imágenes estáticas, para envolverlas con diferentes atmósferas. Tensión, melancolía, dramatismo. Hogar.

The Queen of Versailles (2012, Lauren Greenfield)

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With a golden cover and 650-odd images inside, the volume is a sociological record of the extreme measures taken to acquire and spend money, what Greenfield calls the “influence of affluence.”

Lauren Greenfield se ha dedicado, entre otras cosas, a fotografiar la riqueza (su libro, Generation Wealth, será publicado el próximo mes). El dinero como idea, como práctica, como aspiración. Resulta poco sorprendente, entonces, que en el 2007 ella haya aceptado la invitación de Jacqueline Siegel para fotografiarla junto con su casa en construcción (I actually met Jackie through her shopping; she’s a passionate shopper). Apodada Versalles, y financiada por su esposo David Siegel—empresario fundador de Westgate Resorts, compañía especializada en tiempos compartidos—se esperaba que la casa llegara a ser la más grande en Estados Unidos. Durante la sesión de fotos, Greenfield expresó su interés en dirigir un documental sobre el levantamiento de Versalles, inseparable del ambiente familiar de los Siegel. Jackie aceptó, y los debidos papeles fueron firmados. La duración del rodaje, desde el 2009 hasta el 2011, le permitió a la directora capturar el intranquilo contexto económico (la crisis del 2008) que rodeaba la vida cotidiana de la multimillonaria familia. Pasamos de ver la satisfacción emprendedora de David (I think everybody is better off for being either my child or my employee), a ver cómo su posición como el “time-share king” se tambalea. Tantos meses de filmación permitieron, además, que los protagonistas se sintieran cada vez más cómodos con ser grabados. Para Greenfield, esto es claro en el documental resultante. Al inicio, Jackie aparece con maquillaje, posando; cerca del final, aparece desmaquillada, recién inyectada de botox, descalza. (Esa aparente cercanía se evaporó después del rodaje, al menos por parte de David, quien presentó una demanda, ya arreglada, por supuesta difamación. I think David would have preferred that I continued much longer with the film and saw the Westgate company come back, and saw him regain success in the end.)

Si bien Jackie, la reina titular, es quien acapara gran parte de la atención durante los cien minutos de documental, no es por ausencia de otras personas llamativas. Entre la camada Siegel, en aquel momento compuesta por ocho menores de edad (incluida Victoria, quien murió por sobredosis hace dos años), una sobrina adoptada por Jackie, llamada Jonquil, resulta especialmente memorable. Su tono de voz particular, su forma desganada de hablar, realzan lo distintivo de sus experiencias: l’ve had a taste of dirt-poor and a taste of filthy rich, yeah, l like it. l mean, who wouldn’t? Getting everything you want? But at the same time, l still want to, you know, be the old me in a way. l don’t want to be, like, totally changed. You know, l don’t want to be spoiled. También destacan los momentos en que se muestra la actividad de Westgate Resorts en Las Vegas. A cambio de tiquetes para ver un show, algunos turistas aceptan escuchar el discurso de un agente de ventas. El tour del edificio, que hace una parada frente a un despliegue de fotos de David posando con celebridades, culmina en una suite. La intención es convencerlos de que un plan de tiempo compartido es mejor inversión que pagar estadías en un hotel pequeño (That motel—if it looked bad before they came it looks twice as bad after). Los casi convencidos pasan a un gran salón donde, idealmente, entregan tanto su tarjeta de crédito como su firma. Pero no solo los potenciales compradores necesitan ser persuadidos. En una charla motivacional dada a los agentes de ventas, Richard Siegel insiste que están salvando vidas. We sell vacations. Vacations are healthy for you […] But we’re not just saving lives, we’re also saving marriages. El espectro de la racionalización, siempre al acecho.

Koolhaas Houselife (2013, Ila Bêka y Louise Lemoîne)

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Deje, deje. Está fuera de la razón que hablemos de estas cosas. Aunque si fuera rica y tuviera mucho dinero, creo que viviría en una casa diferente. Más normal. Oiga. Lo digo sin criticar a los señores. Ellos son quienes la disfrutan. Voilà.

No sé cuántos metros tendrá, pero muchísimos. Se la hicieron a medida del señor, que tuvo un accidente. No podía moverse más que en silla de ruedas, así es que la casa tiene rampas y un ascensor para bajar y subir. Guadalupe Acedo, protagonista de Koolhaas Houselife, comenta así la casa que limpió durante siete años: Maison à Bordeaux, diseñada por Rem Koolhaas con su firma OMA. El documental fue la primera entrega de la serie audiovisual Living Architectures, desarrollada por Ila Bêka y Louise Lemoîne, cuya intención es contrarrestar la tendencia a representar edificios o espacios de forma idealizada. En palabras oficiales, ajenas: these films […] put into question the fascination with the picture, which covers up the buildings with preconceived ideas of perfection, virtuosity and infallibility, in order to demonstrate the vitality, fragility and vulnerable beauty of architecture as recounted and witnessed by people who actually live in, use or maintain the spaces they have selected.

Durante Koolhaas Houselife, Acedo—señora encantadora, con gestos faciales efusivos, y un francés oral con acento hispano—interpreta el papel de guía principal. Al seguirla en sus rutinas de limpieza, conocemos el interior de la casa, junto con la tropa de personas que también trabaja para darle mantenimiento a la propiedad, así como algunos detalles de su elusiva moradora. El documental, de poco menos de una hora, está fragmentado en distintas secciones breves, separadas por intertítulos donde aparecen frases relevantes, mientras suena una serie recurrente de notas. Algunas secciones funcionan especialmente bien. Por ejemplo, aussitôt que vous touchez…, una secuencia cómica que compila distintos errores durante la filmación—libros caídos, enchufes despegados, desperfectos tecnológicos. O rideau, donde las imágenes de Acedo moviendo una extensa cortina se presentan de forma intensa, operática. Sin embargo, Koolhaas Houselife me deja con el deseo de ver las rutinas de Maison à Bordeaux por medio de tomas más largas, sin tanta fragmentación, con una edición menos conspicua.

Se trata de apreciar la obra desde la perspectiva de la vida, afirma Lemoîne. Por eso hemos evitado destacar el papel de los arquitectos, o incluso de los propietarios. No nos interesa tampoco hablar de ingeniería ni de materiales ni de audacias técnicas. Aunque Koolhaas no aparece durante el documental, una breve entrevista con él es parte de los materiales suplementarios. Al arquitecto le sorprenden las decisiones de limpieza de Acedo. ¿Por qué utiliza una aspiradora pesada e incómoda para limpiar una pequeña escalera en espiral? Para Koolhaas, es una colisión de sistemas de pensamiento: The kind of  platonic conception of cleaning with the platonic conception of architecture. It’s not necessarily daily life confronting an exceptional structure; it’s two ideologies confronting each other. (¿Platoqué? No sé qué significa eso.) Si bien Koolhaas Houselife es sugestivo en distintos sentidos, incluida la oportunidad de corroborar que las goteras solo es posible contrarrestarlas con una congregación de palanganas, su mayor atractivo es la presencia de Acedo. Ella renunció hace años luego de que su esposo, Vincent, quien era jardinero en la misma propiedad, decidiera retirarse (se ha cansado de la servidumbre). Guadalupe sentía cariño por la “nave espacial” pero su esposo pensaba que era mejor jubilarse tranquilamente, cuidarse la espalda. Ya tiene el DVD para ahuyentar la nostalgia. Se lo trajeron personalmente Ila Bêka y Louise Lemoîne.

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