tres del mes: julio, 2016

Tres películas, especiales de comedia o series que vi durante el mes anterior. No es un top tres, necesariamente. Tres por la rima fácil, porque hay que frenar en algún lado, y por la recurrencia del número en distintos cuentos clásicos.

Girlfriends (1978, Claudia Weill)

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Arriba: Imágenes de la primera versión que conseguí de Girlfriends: un rip de VHS no tan apto para apreciar los paisajes neoyorquinos, ni los gestos de Melanie Mayron. Abajo: Pantallazos de una versión más decente, fácil de conseguir en los Internets.

I like me when I don’t need you. Cerca del inicio de Girlfriends—primer largometraje dirigido por la no tan conocida Claudia Weill—Susan Weinblatt (Melanie Mayron) queda sola en el apartamento que compartía con Anne (Anita Skinner), su amiga cercana, quien se muda con su futuro esposo Martin (Bob Balaban). Desde ese momento, Susan expone de forma vulnerable y simpática sus sentimientos mixtos sobre vivir sola, junto con sus esfuerzos por establecerse y tomarse a sí misma en serio como fotógrafa (It talks about a kind of self doubt which is perhaps more female, I think of it as being more female, not being sure that you’re really a contender, that you can play the game). Susan trabaja tomando fotos en bodas y bar mitzvahs, busca espacios para exponer y se involucra románticamente, primero con un rabino casado décadas mayor que ella (Eli Wallach) y luego, más cercanamente, con Eric (un muy encantador Christopher Guest). Mientras tanto, Anne enfrenta con cierta dificultad su vida como madre casada, dedicada de forma intermitente a su aspiración de ser escritora. Las dificultades que surgen en la relación entre Susan y Anne se sienten inevitables, dada la distancia creciente entre las experiencias de ambas, pero no insuperables.

Si bien Girlfriends no fue un éxito de taquilla, desde su época de estreno ha recibido el aprecio de actrices, críticos, guionistas y directores como Stanley Kubrick, Allison Anders, Lena Dunham y Greta Gerwig. En The Female Gaze—número de Sight & Sound en el que se incluyen comentarios sobre cien películas dirigidas por mujeres—Anders menciona la primera impresión que le produjo ver el largometraje: It was the first time I had ever seen female friendship presented in all its complexity: warmth, humour, sisterhood, competition, jealousy, longing, rage and absolute acceptance and trust. Dentro de esas amistades, Weill estaba especialmente interesada en darle el protagonismo a la amiga que no se casa, a la que seguramente sería considerada menos atractiva. A la sidekick (I was very interested in making a movie about that girl because that’s who I am and making films was just my way of figuring life out). Ese énfasis en retratar una amistad fuerte entre mujeres jóvenes, y el duelo que puede implicar desapegarse, es, justamente, uno de los puntos de inspiración citados por Gerwig, lo cual es evidente en Frances Ha, película que coescribió junto con Noah Baumbach.

En Girlfriends, ambigüedad e incomodidad son constantes. Por un lado, no siempre es claro cuánto tiempo transcurre durante la película. Mientras ciertas escenas siguen con detalle acciones pequeñas, la bebé de Anne y Martin aparece de repente, con varios meses de nacida (aunque su edad no se sabe con certeza). Por otro lado, Weill permite que ciertas idiosincrasias de los personajes existan sin necesidad de explicarlas o buscarles justificación (un ejemplo cómico de esto son los cuellos ortopédicos que utilizan dos personajes durante una escena, pero también sucede en otros aspectos más significativos). Tal compromiso con la ambigüedad e incomodidad es especialmente apropiado para tratar la vida de un par de veinteañeras lidiando con todo tipo de inseguridades. Como anota Gerwig (también en The Female Gaze): When you’re young, you don’t know what in your life will turn out to be a lark and what will become something solid.

La influencia (2007, Pedro Aguilera)

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Mi madre es un desastre. Está loca. No hace más que tonterías. No la entiendo. Y se cree que no me doy cuenta. Yo creo que ya no trabaja.

La señora Rivero (Paloma Morales) está pasando por una época de mierda. Amenazas de desahucio por parte de los dueños de su local comercial se suman a la inminente expulsión de sus dos hijos del centro educativo privado al que asisten, por falta de pago. La influencia—grabada con colores apagados en Arganda del Rey—muestra a la señora Rivero sobrellevando su rutina con desánimo, por medio de silenciosas tomas largas que enfatizan su aislamiento mientras atiende su negocio de productos de belleza, espera sus pastillas antidepresivas en la farmacia o hace las compras en el supermercado. Los momentos más alegres de la película los proveen sus hijos, Romeo (un enternecedor Romeo Manzanedo) y Jimena (Jimena Jiménez), forzados a valerse por sí mismos al tiempo que la condición de su madre empeora. Reconocer las dificultades que deben enfrentar los hijos no equivale a emitir un juicio negativo e inflexible en contra de la madre (la figura de un posible padre no se menciona), quien es presentada con empatía. Como resume Aguilera: Es muy difícil sustraerse a la fuerza del contexto. Y en este caso la madre es el contexto enfermo y los niños son los que se ven afectados, pero al mismo tiempo la familia se ve afectada por el contexto social. Hay varios niveles de influencia.

Aunque Aguilera amaba el cine como espectador, no siempre estuvo dentro de sus planes trabajar haciendo películas. Sin embargo, luego de cursar Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid—con interés especial en dibujo, cómics y pintura—utilizó su experiencia creando storyboards, y su acercamiento al cine continuó al desempeñar el puesto de ayudante de dirección en películas como Batalla en el cielo, de Carlos Reygadas (uno de los productores en La influencia), y Sangre, de Amat Escalante. Pocos años después de esos trabajos de asistencia, debutó La Influencia, su primera película, inspirada por la obra fotográfica de David Nebreda, literatura rusa e imágenes del vía crucis. El largometraje de Aguilera es algo deprimente, sin ser totalmente pesimista (Yo siempre he sido pesimista en el presente y optimista en el futuro). Junto a la impresión del sufrimiento silencioso de la señora Rivero, permanecen con uno también imágenes del apoyo mutuo que se ofrecen sus hijos para intentar escapar sus circunstancias. Claro, esas imágenes tampoco son del todo alentadoras. Las últimas tomas son del par de hermanos riendo en el carro, pero la sensación que producen es un tanto perturbadora. Una sonrisa sangrante.

BoJack Horseman (2014, Raphael Bob-Waksberg)

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It’s actually not anatomically possible for a horse to throw up.

Desde el primer episodio de la serie queda bastante claro: BoJack Horseman (Will Arnett)—antiguo actor del sitcom noventero Horsin’ Around—es un caballo/hombre sumamente inseguro, aferrado tanto a glorias pasadas (las cuales, obviamente, no apreció mientras sucedían) como a mecanismos de autodestrucción atemporales. Ni la falta de misterio con la que se exponen las motivaciones básicas de BoJack, ni la premisa que podría parecer trillada (millonario famoso insatisfecho), llevan a repeticiones cansadas. Esto se debe a los mayores méritos de BoJack Horseman. Entre ellos, en primer lugar, está el saber aprovechar el beneficio del tiempo que da el formato serial para profundizar en las consecuencias e implicaciones del comportamiento de sus personajes, por medio de arcos narrativos de distintos niveles (un episodio, una temporada, toda la serie). La primera temporada mejora progresivamente, dándole mayor dimensión a cada personaje, hasta culminar con Downer Ending y Later, dos excelentes episodios que marcan las acciones de los episodios siguientes (hasta ahora). Además, la inclusión de presagios eleva el impacto de ciertos eventos cuando finalmente suceden, como el principal suceso de That’s Too Much, Man!, anunciado más de treinta episodios antes, en Pricky Muffin, o la trama de los coladores de Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins) que se desarrolla durante toda la tercera temporada. El paso del tiempo se nota en el cambio de estilo de los personajes, quienes envejecen visiblemente, y en el seguimiento de las consecuencias de sus acciones a través de los años (ayudado por la utilización de flashbacks). The things that happen in this universe have weight, and they have meaning.

En segundo lugar, otro punto característico de la serie es saturar cada episodio con juegos de palabras, referencias culturales o detalles visuales—menciones de honor a Lisa Hanawalt y Mike Hollingsworth, expertos en gags de animales—que no dejan pasar el potencial de chistes o personajes  impresionantemente ridículos (el más sincero cumplido). La ambición y el ingenio del equipo detrás de BoJack Horseman se han evidenciado desde la primera temporada, en pequeños momentos o episodios enteros. Entre ellos están Downer Ending, cuando el consumo excesivo de drogas y alcohol lleva a una secuencia desequilibrada que pasa de lo aterrador a lo sentimental en segundos; o, más recientemente, Fish Out of Water, un episodio silencioso de enorme fuerza visual, cuyas inspiraciones van desde Lost in Translation hasta animaciones clásicas de 1937. Además de ser entretenidos, ambos episodios profundizan sobre los deseos y frustraciones de BoJack. Justamente, la importancia otorgada al trasfondo emocional de los personajes, así como la cautela de su creador Raphael Bob-Waksberg para mantener un balance entre timeless vs. timely, ayuda a que las alusiones constantes a cultura pop no lleguen a sentirse excesivas. Aun así, un conocimiento (al menos superficial) sobre literatura, televisión y cine gringos resulta indudablemente útil para apreciar la serie.

PostersBoJack
Posters para cada una de las tres temporadas (orden cronológico de izquierda a derecha).

Finalmente, BoJack Horseman se beneficia de la flexibilidad con la que trata tanto el tono de la serie como el protagonismo de BoJack. En tiempos en los que las fronteras de género se diluyen y se cuestionan, Bob-Waksberg parece no preocuparse por considerarse fijamente de ningún lado de la división, lo cual se nota en su descripción de la serie: It’s a serious, relationship-based grounded character tragedy, but it is also a ridiculous cartoon. La depresión de Diane (Alison Brie) durante la segunda temporada resulta en algunos de los momentos más graciosos del personaje; y la agresión que BoJack le dirige a amigos cercanos como Todd (Aaron Paul) y Princess Carolyn (Amy Sedaris) se trata como algo que resulta cómico, pero también doloroso. Además, las vidas de los personajes cercanos a BoJack, si bien no son examinadas con el mismo nivel de detalle como la del protagonista, también reciben flashbacks o momentos de atención propios (especialmente durante la tercera temporada). Tanto en este sentido, como en el resto de sus otros puntos fuertes, BoJack Horseman me hace pensar en una mezcla animada entre The Comeback y Mad Men, ambas excelentes series con niveles variados de desesperanza en su exploración de épocas y relaciones interpersonales. En el personaje de BoJack coexisten la desesperación por fama de Valerie Cherish con los excesos (alcoholismo, promiscuidad) de un Don Draper agobiado por su pasado, así como la perseverancia por redimirse de ambos. Pero con culitos de caballos de mar recién nacidos.

P.D.: El pasado 22 de julio—día en que debutó la tercera temporada en Netflix—se anunció que BoJack Horseman fue renovada para una cuarta temporada. Previo a ese anuncio, Bob-Waksberg había expresado que, dado que las primeras temporadas de la serie se sienten como un capítulo unificado, la cuarta temporada podría ser un buen momento para pasar a otro capítulo. Sin cambiar demasiado. I’m not interested in repeating the same story beats over and over and over again. But part of the truth of this story is about how much he repeats himself and these patterns that are difficult to get out of.

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