tres del mes: junio, 2016

Tres películas, especiales de comedia o series que vi durante el mes anterior. No es un top tres, necesariamente. Tres por la rima fácil, porque hay que frenar en algún lado, y por ser el número mágico.

La sombra del caminante (2004, Ciro Guerra)

LaSombraDelCaminante
Lo que yo no entiendo es por qué me está haciendo tanto efecto esto, hermano.

Un hombre (Ignacio Prieto) se amarra a la espalda un asiento que él mismo construyó, con el plan de cobrarle a personas para transportarlas alrededor de Bogotá. Otro hombre (César Badillo), con una pierna de palo, no tiene trabajo, ni dinero para pagar la renta. Ambos llegan a conocerse. Tienen en común su soledad, una posición precaria en la sociedad y un historial de violencia. Durante el resto de La sombra del caminante—primer largometraje de Ciro Guerra—, los hombres desarrollan una amistad extraña e inestable, apoyándose mutuamente frente a jóvenes y policías hijueputas. Guerra estaba interesado en dialogar sobre el impacto del conflicto social en las vidas individuales, y en sus palabras: Quería hacerlo desde lo urbano, desde ese circo que está ocurriendo en las calles bogotanas a diario, desde mi experiencia como extranjero en Bogotá, ya que soy del Cesar. Siento que tenemos mucho que contar y mucho qué reflexionar, y para eso es el cine. Y lógicamente también quería entretener, divertir, entregar unos personajes entrañables, pero sin golpes bajos.

A pesar de mi simpatía por esas intenciones, y del impacto visual del personaje silletero, luego de los cautivantes primeros minutos no logré mantener el mismo nivel de interés durante el resto de la película. Un par de actuaciones me parecieron algo excesivas o discordantes, y en ocasiones las elecciones musicales resultan un tanto aburridas. No me opongo a que me manipulen para sentir tristeza o angustia (de eso se tratan muchas obras artísticas), pero la manipulación no siempre resulta efectiva; algunas combinaciones de imágenes y música—manos recibiendo monedas con un piano triste de fondo, por ejemplo—solo funcionaron para sacarme de la trama, evocando más un anuncio de servicio público. Sin embargo, quejas aparte, La sombra del caminante es un trabajo interesante, que muestra indicios del ingenio visual y narrativo presente en los más recientes e impresionantes largometrajes de Guerra, Los viajes del viento (2009) y El abrazo de la serpiente (2015).

Wyatt Cenac: Brooklyn (2014, Wyatt Cenac)

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That was dark. I know. We went to a dark place.

Cerca de la mitad de Brooklyn, Wyatt Cenac habla sobre la relación entre la muerte de su padre, su respeto por los taxistas y el afecto que siente por Batman. Aunque puede que no sea la sección más graciosa del especial, ha sido mi preferida desde que lo vi por primera vez en el 2014—cuando debutó en Netflix—hasta hace unos días, cuando decidí revisitarlo. Cenac logra encontrar ideas e imágenes cómicas en una historia triste, sin intentar minimizar la importancia de los hechos. Esta es una combinación ideal, tomando en cuenta que soy bastante receptiva a esos momentos de comedia cuando las personas discuten experiencias personales o eventos sociales que les resultan particularmente significativos, con cierta franqueza o vulnerabilidad emocional (aparentes, al menos). Erin Markey con la voz quebrada leyendo una carta sobre Whitney Houston en un set musical; Tig Notaro hablando de forma exaltada sobre la muerte de su madre en Live; Avery Edison abordando la muerte de su hermano, con un manejo excelente de la incomodidad que produce en la audiencia. ¿Por qué me interesa tanto cuando las personas exponen sus emociones (alegres o tristes) con mínima distancia o recuentan momentos dolorosos? ¿Es morbo, empatía, una vulgar necesidad de ver mi propia vulnerabilidad constantemente reflejada en otros? Tristemente, la comunidad científica nunca logrará dar con las respuestas.

Cenac, originario de North Carolina, comenzó su carrera como comediante haciendo stand-up durante sus años de universidad. Desde entonces, ha sacado varios discos de comedia, y obtenido roles de actuación en The Daily Show (donde también fue escritor), así como en Medicine for Melancholy, BoJack Horseman y Sleepwalk with Me, entre otras series o películas. En Brooklyn, Cenac trata sus experiencias e ideas sobre gentrificación, relaciones raciales en Estados Unidos y la sensación de competitividad que cree que existe entre hombres negros jóvenes. Además de las tomas del set de stand-up, grabado en un espacio pequeño e íntimo, Cenac decidió poner en práctica su afición por las marionetas, que aparecen recreando algunas de las escenas discutidas. Esa afición se nota también en la voz que Cenac utiliza en varias ocasiones para imitar personas, que recuerda a la de un Muppet haciendo uptalk. El resto del tiempo, su cadencia es pausada, su tono de voz bajo y su tendencia a reírse sobre lo que acaba de decir frecuente. Esa calma, unida a sus expresiones faciales algo aletargadas, hacen que mucha gente piense que él siempre está drogado, según relata en Facial Profiling, una pista de su más reciente álbum de comedia, Furry Dumb Fighter, en el que también habla sobre su amor por el transporte público y lo incómodo que resulta que muchas ideologías dañinas hayan desarrollado productos visuales tan atractivos. The Confederacy: what they stood for, terrible; their aesthetic, timeless.

Güeros (2014, Alonso Ruizpalacios)

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Santos: ¿Esto es güero? Guarda: . Santos: No mames. ¿Entonces tú qué chingados eres? Ana: Daltónico.

Bueno, pues aquí es donde nos regresamos a la casa, y el Sombra se va a descansar como le dijo su doctor, dice Federico (Tenoch Huerta), mejor conocido como Sombra, un joven ansioso que está pasando por una época de encierro e insomnio. De repente, su madre, cansada, envía a su hermano menor desde Veracruz hasta el apartamento que Sombra comparte con su amigo Santos (Leonardo Ortizgris), en Ciudad de México. Tomás (Sebastián Aguirre), el adolescente recién llegado, anda cargando un cassette de Epigmenio Cruz, cantante idolatrado por ambos hermanos, quienes conocen su música gracias al padre que ya no está con ellos. El interés de Tomás por conocer al convaleciente Epigmenio antes de que muera presiona a los veinteañeros a salir de su edificio, e impulsa gran parte de la acción de la película. Además de la búsqueda por Epigmenio, otras situaciones que unifican la trama de Güeros son una huelga estudiantil—durante la cual Santos y Sombra son tratados como ardillas—y el enamoramiento de Sombra con Ana (Ilse Salas), locutora que reporta sobre la agitación universitaria desde el campus.

El retrato de este estado de limbo, de no tener nada que hacer, de levantarse tarde, dormirse más tarde. De flotar en la vida. Así caracteriza Ruizpalacios gran parte del temperamento de Güeros, y las experiencias personales que lo inspiraron. Doce años antes del debut de su primer largometraje, desempleado luego de terminar la universidad, él escribió la primera versión del guión, la cual fue expandiendo con la ayuda de muchos cuadernos de notas y, eventualmente, con la colaboración de su amigo escritor, Gibrán Portela. Años después, Ruizpalacios y Portela participaron en un taller para escritura de guiones en Madrid, donde surgió una versión más cercana a la filmada. Entre las decisiones que tomaron, una muy significativa fue la de hacer ambigua la temporalidad de la historia, evidente en decisiones como el uso de la música de Agustín Lara, que suena a lo largo de la película y se combina de forma muy agradable con las imágenes del road trip mexicano, grabado en blanco y negro (elección visual que, entre otras cosas, hace referencia a los contrastes raciales y de clase en México). Además, aunque la inquietud de fondo en Güeros está inspirada en la huelga estudiantil que se dio en la UNAM en 1999, esto en ningún momento se declara explícitamente, contribuyendo a la sensación de atemporalidad.

La distancia entre la marcha y los protagonistas, con la excepción de Ana, podría interpretarse como desinterés o desafección generalizados. Pero, para Ruizpalacios, es más complicado que eso: Es un reconocimiento a que cada quien tiene su lucha. No todas las luchas son universales. Para estos chicos la revolución que están buscando es otra: Es la revolución de la mente. Están atorados en un limbo de apatía, de depresión y necesitaban encontrar su propia causa. Eso me gusta como principio, no siempre las cosas por las que vale la pena luchar son las grandes causas. El retrato de juventud latinoamericana presentado en Güeros no solo es bastante cómico—los protagonistas satirizan la representación de mexicanos en el cine, usan su encanto para robarle electricidad a sus vecinos de arriba y dicen frases como me puse gel pensando que iba a ser un bonito día—sino también estéticamente interesante (la utilización del sonido,  magnificado o eliminado en varias escenas, es un ejemplo de ello). Y para algunas personas (como yo), la combinación de las imágenes citadinas en escala de grises con la música, especialmente la compuesta por Lara, resulta irresistible.

P.D.: Ver Güeros de nuevo me recordó a Cores, otra película sobre jóvenes dizque errantes manejando por una ciudad (São Paulo), dirigida en blanco y negro por  Francisco García. Ambas las vi por primera vez en el Costa Rica Festival Internacional de Cine (ediciones 2014 y 2013, respectivamente). Güeros está disponible en Netflix y en torrents; Cores no la encuentro. Esto es una queja y una súplica lanzadas al vacío. Quiero volver a ver la escena en la que un protagonista baila con su abuela.

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