tres del mes: marzo, 2016

Tres películas, especiales de comedia o series que vi durante el mes anterior. No es un top tres, necesariamente. Tres por la rima fácil, porque hay que frenar en algún lado y porque la cantidad de veces que vi Carol en cines es múltiplo de tres.

Little Fugitive (1953, Raymond Abrashkin, Morris Engel y Ruth Orkin)

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blissfully commonplace little animal

The little boy, while natural and instinctive, portrays no problem of youth. If anything, he is a blissfully commonplace little animal, escribió Bosley Crowther en su reseña ambivalente sobre Little Fugitive, en 1953. El pequeño animal es Richie Andrusco, reclutado por Morris Engel para interpretar a Joey, un niño de siete años que huye de Brooklyn por un día luego de matar a Lennie (Richard Brewster), su hermano mayor. Bueno, Lennie está vivo, pero se hace el muerto para molestar a su hermano menor y descansar un rato de él. En cualquier caso, la película no hace de la muerte fingida un punto de interés céntrico (aunque sí hay una escena muy adorable de Joey bajándose de un carrusel en medio de un momentáneo arranque de duelo). Little Fugitive prefiere invertir gran parte de su duración en mostrar a Joey explorando un hábitat nuevo: Coney Island. Recoge botellas retornables en la playa para obtener dinero, gasta las monedas ganadas en las atracciones del parque, usa sobros de comida para practicar su puntería, anda en pony, y repite todo lo anterior.

El énfasis casi documental del trío de directores (dos de ellos, Engel y Orkin, fotógrafos) de Little Fugitive fue criticado por Crowther, insatisfecho con la falta de “sustancia,” conflicto dramático o forma. También fue una fuente de inspiración para futuros directores como Truffaut o Godard, emocionados por el ingenio técnico y la simpleza narrativa (I’ve always thought that two people could make a movie. All you need is a good camera and a halfway decent story). Como en Les Quatre Cents Coupsinspirada por el trabajo de Abrashkin, Engel y Orkin—, gran parte del atractivo de Little Fugitive depende del encanto de sus actores no profesionales. Sin ser empalagoso, Andrusco tiene little-boy charm de sobra. Valdría la pena pasar horas recogiendo botellas para pagar por verle la cara de decepción cuando su puntería le falla. Pero no es necesario. (Por cierto: Lovers and Lollipops, otra película dirigida por el matrimonio Engel-Orkin, en 1955, sirvió como inspiración visual para Frankerberg’s, la abarrotada tienda por departamentos recreada en Carol.)

Wittgenstein (1993, Derek Jarman)

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I was to spend a lifetime disentangling myself from my education. “Quite the best to be had in Vienna,” mum said.

Lady Ottoline Morrell (Tilda Swinton), con la cara pintada de amarillo y azul, va a comenzar a pintar un cuadro. Bertrand Russell (Michael Gough), sentado a la par del lienzo, usa una toga y un birrete rojos. De repente, llega Ludwig Wittgenstein (Karl Johnson) y, confundido e iracundo, hace un signo de uve con su mano. A cyclist did this to me, as I was crossing the road, explica sobre el gesto. I decided then and there to kill myself […] What’s the logical structure of this gesture? It doesn’t have one! That means I’ve spent most of my life groping down a blind alley! La escena representa varios de los puntos característicos de Wittgenstein: interés por seguir el proceso de pensamiento del protagonista, humor tanto en el diálogo como en la puesta en escena, y actuaciones excelentemente calibradas (las de Swinton y Gough algo frías; la de Johnson errática, una entretenida mezcla de pasión y frustración).

Wittgenstein—el penúltimo largometraje de Jarman, director, jardinero y activista queer inglés, quien murió en 1994 por complicaciones relacionadas con el sida—es un biopic no convencional sobre el filósofo austriaco-inglés, que muestra escenas desde su niñez (Clancy Chassay) hasta su muerte. Toda la acción sucede frente a un escenario negro, con algunos objetos clave para denotar el entorno (una escuela rural, el mar, una clase de Cambridge, un cine). Mientras esa austeridad destaca también en el uso limitado de música, que solo suena cuando un hermano de Wittgenstein toca piano, contrasta con los vestuarios llamativos, la actuación enérgica de Johnson y la recurrencia de un marciano interrogador (Nabil Shaban) que toca lira. La primera vez que vi la película, medio dormida, quedé con la sensación de haber soñado un programa para niños combinado con una obra de teatro experimental. La segunda vez estaba más despierta, y el efecto fue el mismo. (Por cierto: Sandy Powell, responsable de los vestuarios relucientes en Wittgenstein, entre ellos el saquito verde de Maynard Keynes, ha sido colaboradora de Todd Haynes en varias películas, incluyendo Carol.)

All I Ever Wanted (2013, Todd Haynes)

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Sorry. It’s just—I’m emotional as fuck these days.

Enlightened, creada por Laura Dern y Mike White, e inmisericordemente cancelada después de dieciocho episodios casi perfectos, es una de las series más conmovedoras que se ha transmitido en televisión. (That’s what she said.) Dern, quien tenía un acuerdo con HBO, quería crear un programa enfocado en alguien que llega a ser whistle-blower, y White se unió al proyecto, asumiendo los cargos de escritor, actor y, ocasionalmente, director. A pesar de que a White también le interesaba el activismo como tema, pospuso abordarlo con detalle hasta la segunda temporada; durante la primera temporada, le dio mayor prioridad a desarrollar la vida interna de la protagonista, Amy Jellicoe (Dern), el mundo de la compañía en la que trabaja y sus relaciones más importantes: su madre Helen (Diane Ladd, mamá de Dern), su exesposo Levy (Luke Wilson), y colegas como Tyler (White). Uno de los muchos puntos fuertes de Enlightened es su interés—compasivo, cómico, ambiguo—por explorar distintas dimensiones de la búsqueda de cambio, tanto a nivel social como personal. A veces las motivaciones detrás de esa búsqueda son egoístas, otras veces son altruistas. Usualmente son ambas.

Amy ha trabajado para Abaddon Industries—gran compañía, más preocupada por productividad que por ética, sostenida por el dinero de muchos de nosotros—por más de quince años. En la primera escena del piloto, Amy llora en un baño porque perdió su puesto de trabajo; poco después, grita en los pasillos e intenta abrir las puertas de un elevador con las manos (lo logra, más o menos). Ese punto de crisis la encamina hacia un retiro espiritual en Hawaii, donde aprende vocabulario y herramientas de auto-ayuda, recurrentes durante el resto de la serie. Luego del retiro, para evitar riesgos legales, la aceptan de nuevo en la empresa, pero la trasladan a Cogentiva, un departamento en el sótano poblado por personas que Amy (no sin razón) considera deprimentes. Su interés genuino por mejorar las cosas, su insatisfacción con su nuevo puesto laboral, el deseo de vengarse de una compañía que no la respeta, las ganas amorfas de darle sentido a su vida—distintos factores se suman para llevarla a querer exponer la corrupción de Abaddon.

La fuerza de Enlightened no se debe solo a sus temas. Se debe también al alud de actuaciones memorables, buenas decisiones musicales y tomas coloridas, externas e internas, de clásicos paisajes estadounidenses: rascacielos de oficinas, casas suburbanas, big-box stores. (Mención especial a Consider Helen y The Ghost is Seen, dos episodios excepcionales que le dan protagonismo al interior de espacios domésticos). Y se debe, principalmente, a la inmensa empatía con la que la serie trata a sus personajes. Todo lo anterior es evidente en All I Ever Wanted, un episodio—el antepenúltimo de la serie—que aprovecha al máximo el camino recorrido por los protagonistas hasta el momento. Enfrentada con una decisión difícil, Amy tiene un pequeño ataque de pánico. Helen entra al cuarto, abraza a su hija. Los quince episodios previos nos han preparado para este momento. Entendemos el peso de la decisión, imaginamos cómo afectaría a otras personas, sabemos lo difícil que es para Helen mostrar afecto. Enlightened es una serie que sabe ganarse sus escenas de llanto, y All I Ever Wanted es un episodio ideal para la sensibilidad estética y temática de Haynes, interesado tanto en relaciones madre-hija como en retratar espacios domésticos, usualmente ocupados por mujeres (Superstar, Safe, Far From Heaven, Mildred Pierce, Carol).

Enlightened marcó mi vida hace unos años (no sé si marcó la vida de mi abuela materna, pero en aquel momento se la recomendé para poder comentarla con ella y, como mínimo, le gustó). Cuando decidí volver a verla completa hace una semana, en plenas vacaciones santas, pensé que ya no iba a afectarme tanto. Pensé mal. Llamen a sus mamás o abuelas. Quemen Abaddon. (Por cierto: Lo único que le faltó a Carol fue la participación de Mike White, al menos como actor de fondo. Aunque tal vez ni siquiera eso le faltó. Necesario volver a verla para verificar.)

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