to carol’s.

In no great hurry

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Izquierda: Saul Leiter. Derecha: Todd Haynes + Edward Lachman.

En 1987, la veinteañera Phyllis Nagy y la sexagenaria Patricia Highsmith recorrieron el cementerio Green-Wood, en Brooklyn. Caminaron en silencio, vieron estatuas de ángeles y Highsmith metió la mano en un horno de cremación tibio (There I go in a few years). Highsmith iba con la intención de escribir un artículo (que no llegó a ser publicado) sobre Green-Wood para The New York Times Magazine y Nagy, quien trabajaba como investigadora para la publicación, era la acompañante auto-asignada de la autora. Después de su viaje conjunto al cementerio, el par desarrolló una amistad platónica con la asistencia de cartas, llamadas telefónicas y reuniones ocasionales (Highsmith vivía en Suiza; Nagy en Estados Unidos, y luego en Inglaterra).

En 1997, Nagy cumplió otra asignación: escribir un guión adaptado de The Price of Salt, la segunda novela de Highsmith (publicada en 1952 bajo el seudónimo Claire Morgan), que sigue el monólogo interno de una veinteañera neoyorquina (Therese Belivet) durante sus primeros meses de enamoramiento con una mujer mayor (Carol Aird), madre de una hija compartida con su esposo adinerado. The Price of Salt también fue el primer libro que Nagy leyó luego de que su amiga escritora muriera en 1995. Hasta entonces, Nagy había evitado meterse con esa novela (también conocida como Carol): I didn’t read it while she was alive, because it seemed such a personal book to her, and I didn’t want to have the discussion with her about the book.

En el 2013, magnánimas fuerzas del universo—entre ellas las productoras Elizabeth Karlsen y Christine Vachon, amiga cercana de Haynes—se unieron para finalmente enganchar a Todd Haynes al proyecto. Para entonces, el guión de Nagy había pasado por varias versiones, respondiendo en parte a peticiones de los directores o financiadores que se habían asociado pasajeramente con Carol (peticiones que no siempre eran del agrado de Nagy, como agregarle escenas de llanto a los hombres). Con Haynes, quien nunca antes había trabajado con guión ajeno, Nagy sintió mayor compatibilidad; recuperó elementos que extrañaba de borradores anteriores, agregó sugerencias del director y desechó lo que no funcionaba. 

En el 2014, la versión final del guión comenzó a grabarse en Cincinnati, y en el 2015, casi dos décadas luego de su arranque, Carol debutó en pantallas grandes (y torrents). Desde el primer asomo de la película en Cannes—donde Rooney Mara compartió el premio a la mejor actriz con Emmanuelle Bercot y Vachon usó botas sin tacón alto—la recepción ha sido mayormente positiva (que se queme la rama de directores de la Academia, Haynes es mi pastor). Para darle seguimiento a mi fijación con el libro, la película y todas las personas involucradas en ambos, a continuación, centenas de palabras insuficientes.

Adaptación

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Burwell, Karlsen, Nagy, Haynes.

Además de ser admirablemente perseverante, Nagy escribió un excelente guión, sintonizado con las demandas de adecuar el trabajo de Highsmith a un medio visual. Aunque The Price of Salt es una novela corta, existen muchos detalles o personajes que, de haber sido transferidos al cine, hubieran requerido mucha explicación entorpecedora. Ajustes como el hecho de que Richard trabaje en el mismo lugar que Therese (en la novela, él se debate entre intentar ser pintor o heredar un trabajo en la compañía de su padre), ayudan a simplificar la exposición sin restarle peso a lo importante. La ausencia total de Ruby Robichek, así como la presencia disminuida de Genevieve Cantrell (ambos personajes incluso presentes en el guión pero editados en la versión final de la película), son más notables pero igualmente comprensibles. Del mismo modo, mientras la atmósfera de suspenso se explota menos que en la novela (el espía contratado es una figura más cómica que angustiante, por ejemplo), se magnifica al máximo el suspenso central: el de la última escena, final abierto y famosamente no infeliz.

Otro cambio en el guión de Nagy, aparentemente leve, resulta bastante significativo: en la novela Therese aspira a ser diseñadora de sets, en la película quiere ser fotógrafa. La decisión de Nagy tiene mucho sentido, especialmente en una película cuya inspiración visual proviene más que todo de fotógrafos de la época, como Ernst Haas, Ruth Orkin, Saul Leiter, Helen Levitt y Vivian Maier. (Levitt se asoma en una evocadora escena nocturna cuando, mientras Therese ve la ciudad por la ventana de un taxi, la cámara se enfoca en niños corriendo por la calle. Leiter está presente durante toda la película, en los colores, en el uso de reflejos y en las miradas a través de puertas o ventanas no pulcras. Leiter una vez dijo que le interesaba más una ventana cubierta con gotas que la cara de una persona famosa. Carol ofrece ambas cosas simultáneamente, con varias tomas de Mara a través de una ventana post-lluvia, porque Haynes es amor.) Las tomas de Therese con su cámara apuntada hacia Carol, así como la recurrencia de encuadres abstractos u obstaculizados que hacen sentir que uno está espiando a los personajes, contribuyen a la sensación de observación obsesiva característica de la mente enamorada (o criminal).

La unión de fuerzas de Haynes, Nagy, Edward Lachman (director de fotografía, enemigo de los carros limpios) y Carter Burwell (compositor) es especialmente memorable en la escena del primer viaje que lleva a la casa de Carol. Con tomas abstractas—las manos de Carol sobre la manivela, su frente, las luces verdosas del túnel—acompañadas por el sonido de pianos y voces como ecos lejanos, la escena es una combinación de sueño y recuerdo. El tiempo se diluye, y aparece brevemente la cara de Therese en el futuro, a través de la ventana de taxi: momento que recuerda que gran parte de la película es un flashback (inspirado por Brief Encounter).

Clear eyes, gay wife, can’t help you with that

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I never did.

El elenco de Carol—Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler, Jack Lacy, John Magaro—es impecable. Todos con inmensa habilidad para transmitir miradas de cachorrito preocupado, constantemente evaluando si el afecto que sienten por alguien es recíproco (un tipo de mirada especialmente necesaria en una película llena de emociones apenas reprimidas y de relaciones afectivamente asimétricas). Todos sexualmente atractivos. Y todos parcialmente responsables de crear personajes memorables:

Carol: Blanchett logra una mezcla perfecta de comedimiento suburbano y vulnerabilidad, tan creíble cuando suelta comentarios exasperados (Why is it people think you’re going to take bad news better if you’re sitting down?) como cuando se expresa más frágil o tentativamente sobre lo que en realidad quiere (Ask me things, please). La actuación, el vestuario y la voz de Blanchett hacen que sea muy fácil imaginar por qué, hace más de sesenta años, la jornada laboral de Highsmith mejoró tanto cuando la mujer en la que se basa Carol llegó a Bloomingdale’s. Y también por qué, luego, decidió acecharla (?). Mejor línea: I don’t. I never did.

Therese: Therese tiene menos años y experiencia que Carol. También menos práctica en moderar o disimular lo que siente. En una importante escena cerca del final de la película, Therese se muestra más distante o resguardada mientras habla con Carol. Pero, tan pronto se despiden, Therese comienza a ver agitadamente hacia los lados, insegura de qué hacer, hasta que decide ir al baño a echarse agua en la cara. Desde la transformación de su personaje a lo largo de meses, hasta las constantes revaluaciones de la situación durante una misma escena, Mara le da fuerza a su actuación confiando en el poder del silencio y de los gestos pequeños (con ayuda de las decisiones de vestuario de Sandy Powell). Mejor línea: Yes. Yes, I would.

Abby: Paulson merece muchos más roles protagónicos de los que ha recibido en su carrera. Por ahora, al menos, un buen rol secundario. Aunque ciertas tensiones entre su personaje y Therese—útiles para entender mejor por qué la veinteañera desconfía de Abby (Why do you hate me?)—no son tan exploradas en el corte final de la película, Abby resulta memorable como una amiga graciosa y protectora que ya no tiene paciencia para que la jodan (You’ve got some fucking nerve ordering me around). Mejor línea: You’re the one who cancelled on us, you nitwit.

Harge: Cuando Harge se refiere a una mujer como Cy Harrison’s wife, Carol lo interrumpe: Jeanette. Después de una pausa, Harge corrige: Jeanette. Aunque Harge muestra rasgos promedio de su época—algo machista, controlador—no es difícil sentir empatía por él. Esto es cierto en parte gracias a la calidez de Chandler, cuyas expresiones faciales muestran una mezcla conmovedora de molestia, confusión y súplica. La frustración de Harge es bastante comprensible. Nadie querría llegar a la casa a toparse con que la esposa está descalza (!) mientras una mujer considerablemente más joven se sienta en la banca del piano. Escándalo, derrota. Mejor línea: How do you know my wife?

Richard: Richard nota que Therese se emociona más por una cámara recién reparada que por la posibilidad de viajar con él a Europa. Aun así, compra los boletos de barco. Lacy es muy bueno interpretando el papel de la persona esperanzada que, consciente o inconscientemente, ignora que su nivel de interés o afecto no es correspondido. Hasta que no puede ignorarlo (I just like her is all. I’m fond of anyone I can really talk to, le dice Therese). Al igual que sucede con los otros personajes hombres, la película se preocupa por la forma en que Richard maneja la relación entre Carol y Therese, pero tampoco se detiene mucho en el asuntoMejor línea: Nice.

Dannie: Dannie no estudia química, como en la novela; en cambio, es un aspirante a escritor al que le da por hablar sobre física. El diálogo en su conversación con Therese sobre bolas de pinball es algo torpe e incómodo (y menos entretenido que en el libro), pero la cara de Magaro es irresistible cuando dice Some things don’t even react. But everything’s alive. Al final, Dannie es un buen amigo que apoya los intereses de Therese, incluyendo su posible relación con Carol. Yo apoyo la obsesión de Dannie con Sunset Boulevard. Mejor línea: I’ve seen it six times. Right now I’m charting the correlation between what the characters say and how they really feel.

OST

Un componente necesario de la belleza y del tono taciturno de Carol son las composiciones de Burwell. En ningún momento se sienten como relleno, ruido de fondo o estorbo. Todo lo contrario. Acompañan perfectamente cada escena en la que aparecen, aumentando el suspenso de ciertas escenas, y subrayando con variable intensidad el state of longing que caracteriza a todos los personajes. El soundtrack lo completan canciones populares de la primera mitad del siglo pasado, todas temáticamente apropiadas, y varias estrenadas en 1952: Easy Living (Billie Holiday), You Belong To Me (Helen Foster & The Rovers), One Mint Julep (The Clovers), No Other Love (Jo Stafford) y Kiss of Fire (Georgia Gibbs). Entre otras.

Harold, they’re lesbians

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Property of The Weinstein Company – Do Not Duplicate

Mujeres protagonistas, los ojos de Chandler, fotografía de rollo, sonidos fantasmales, la cara de Mara triste, experiencias LGBTQI cuando ese conjunto de siglas no significaba nada, Carrie Brownstein, tensión sexual, paisajes invernales, viajes nocturnos en carro, la cara de Mara feliz, Billy Wilder, mujeres no heterosexuales, pianitos tristes, grano perceptible, Paulson hablando de pelirrojas, represión, los vestuarios de Powell, Blanchett en bata, canciones sentimentales […] En fin. Carol reúne muchos de mis intereses, y agrega unos cuantos. Algunos de ellos, claramente, relacionados con mis preferencias no heterosexuales.

En 1992, citando a Richard Dyer, B. Ruby Rich escribió: There are two ways to dismiss gay film, he pronounced: one is to say, ‘Oh, it’s just gay film,’ while the other is to proclaim, ‘Oh, it’s a great film, it just happens to be gay.’ Mucho ha cambiado desde entonces, pero la ambigüedad cuando se discuten películas como Carol permanece. Por un lado, obviamente, la mayoría de las personas hemos sentido distintos tipos e intensidades de amor, y enamorarse es una experiencia descrita como “universal” (pasa hasta en las mejores familias). En la efectividad con la que evoca el estado de enamoramiento, de hecho, Carol me recuerda a la excelente Io sono l’amore, que se centra en una pareja heterosexual. (Bueno, en esa también hay una historia secundaria en la que Alba Rohrwacher es lesbiana, pero no nos distraigamos.)

Por otro lado, esa universalidad abstracta no elimina las especificidades de la historia (aparte de ser ambas mujeres, la relación entre las protagonistas se enfrenta con otras fuentes de tensión de variada importancia, como edad, clase, estado civil). Pero: ¿Sentiría el mismo nivel de fijación hacia el libro o la película si todo permaneciera igual, pero Carol fuera reemplazada por un hombre casado llamado Carlo (typo en los subtítulos de la copia proyectada en el Magaly)? Seguramente no. Además, no todo podría permanecer igual. Las miradas cargadas entre Therese y otras mujeres no heterosexuales—el par que está oyendo Kiss of Fire en la tienda de vinilos, la mujer en la fiesta de Phil y, obviamente, Carol—que recuerdan el fundamental, important power in same recognizing same. La torpeza del lenguaje, magnificada al tratar un tema no tan discutido en aquel tiempo (I mean, have I heard of people like that?). La psicoterapia como herramienta de “conversión,” no presente en el libro pero sí en la vida de Highsmith, quien fue a terapia con al menos un fin en mente: get myself in a condition to be marriedY la resistencia al control ajeno: It’s like a strange, subversive world of gay women at different points in their lives. Abby who’s just out there; Carol, who wants to be out there and has to make that choice; and Therese, who’s just finding out. Carol no es solamente gay, ni una gran película tangencialmente gay. Simplemente su gayness es una parte, entre muchas, de su grandeza.

(Quería escribirle una carta de amor a Carol. No sé escribir cartas de amor. All is tinged with the knowledge that what counts often remains unspoken.)

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